Del objetivo a la propuesta4 minutos de lectura

A pesar de que llevo algunos años leyendo sentencias de muerte en su contra, el currículum vitae sigue en boga y más vivo que nunca. Ha pasado por etapas de evolución, digitalización y aunque no haya un CV que sea perfecto, el hecho de que se mantenga vivo es, en mi opinión, por su capacidad de reinventarse continuamente. Precisamente, y siguiendo esa línea de reflexión, un elemento al que tengo en la mira es el famoso ‘objetivo profesional’.

Establecer el objetivo profesional

Muchos hemos pasado por allí y lógicamente hemos tratado de establecer un objetivo de acuerdo con nuestras necesidades, del tipo “desarrollarnos en una organización equis donde poder crecer profesionalmente y ser un colaborador comprometido, etc., etc., etc.”.

Suena interesante ser una persona de objetivos y plasmar en nuestro CV uno de ellos. Debería darnos la oportunidad de que se nos vea como una persona motivada al logro y dispuesta de trabajar por ello.

El tema es que, con los años, los objetivos profesionales han llegado a rozar la monotonía. Palabras más, palabras menos, el objetivo es el mismo para todos. Y desde las organizaciones ya se dejó de prestar atención a ello, porque sus necesidades no son las nuestras. Todos los profesionales buscan lo mismo, menos lo que la empresa necesita. O al menos, con esos objetivos genéricos es lo que dan a entender.

Me explico mejor: más que necesitar a un colaborador o empleado, las organizaciones necesitan soluciones. Sea cubrir un puesto de forma temporal, habilitar uno nuevo o desarrollar un giro de negocio inexistente, la empresa tendrá eventualmente algunos problemas allí que necesita solventar de la mejor manera. Y ojalá pronto.

De allí viene mi artículo. ¿Y si mejor pasamos de mostrarles nuestro objetivo profesional a ofrecerles nuestra propuesta de valor?

La importancia de la propuesta de valor

Nuestra propuesta puede ser un elemento diferenciador muy potente. Debería incluir algunos elementos del por qué somos un candidato diferente, de los que no nos enseñan en un aula o formación sino que son parte de nuestra personalidad, la que nos hace únicos como personas y únicos también como profesionales.

Me di a la tarea de crearme un objetivo profesional, usándome como ejemplo. Se leería algo como esto:

“Graduado en Administración de Empresas, mi objetivo laboral radica en la posibilidad de encontrar una empresa sólida en la cual crecer profesionalmente, siendo un trabajador fiel y vinculado al equipo.”

¿Cuántos colegas no habrá, así como yo, administradores de profesión, comprometido y deseoso de crecer profesionalmente? Cientos, seguramente. Recuerdo unas fotos de mi graduación de la universidad, hace veinte años, y veo la cantidad de administradores graduados en esa ocasión de esa universidad. Mejor no sacar cuentas.

Un objetivo profesional como el anterior me hace tan solo un número más, un CV más en una gaveta o en una carpeta de la computadora.

Ahora viene la parte bonita. No es fácil, no siempre es agradable por el esfuerzo que hay que hacer y quizá por ello no es popular, pero es necesario hacerlo. ¿Qué propuesta de valor puedo ofrecer?

Lanzando una propuesta de valor

Nuevamente, voy yo de conejillo de indias. De seguro se puede mejorar más, pero algo así sería mi propuesta de valor, incluyendo mi profesión, mi experiencia, mi personalidad y lo que me gusta hacer. Básicamente, lo que aporto.

“Profesional en administración de empresas, con experiencia y formación adicional en contabilidad y recursos humanos, carismático, entusiasta, creativo, orientado al logro de objetivos y solución de problemas. Capacidad para liderar equipos y gestionar procesos de formación.”

Pensar en una propuesta de valor trae implícito un cambio de chip mental que nos ayuda a conocernos mejor, a repasar nuestra experiencia profesional y a cambar también la manera de vernos. No somos un pobre desempleado, somos profesionales que tenemos mucho talento que aportar.

Tener definida nuestra propuesta de valor nos abrirá puertas en nuestro CV, en una entrevista, en una sesión de networking y hasta en una conversación casual.

Te animo a que te pongás manos a la obra y pasar de tener un objetivo profesional a ofrecer tu propuesta de valor.

Fabrizzio Ponce

Facilitador de equipos de alto rendimiento, formado profesionalmente como Administrador de Negocios, RRHH, Coaching, Liderazgo y Motivación.

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