Regala aprecio4 minutos de lectura

Hombre, quizá de entrada al leer el título de esta nota, lo primero que se nos viene a la mente es que el aprecio no se le regala a cualquiera. Y ese es, precisamente, la idea de escribirlo.

No es a cualquiera que se le regala aprecio. No vamos a regalarle aprecio a un nómada mongol que vive en el Valle de Orjón, o a un aborigen que vive en medio de algún desierto australiano. Y no porque seamos malas personas, sino porque sencillamente es muy probable que nunca lleguemos a conocer a alguno de ellos.

Hombre, quizá de entrada al leer el título de esta nota, lo primero que se nos viene a la mente es que el aprecio no se le regala a cualquiera. Y ese es, precisamente, la idea de escribirlo.

No es a cualquiera que se le regala aprecio. No vamos a regalarle aprecio a un nómada mongol que vive en el Valle de Orjón, o a un aborigen que vive en medio de algún desierto australiano. Y no porque seamos malas personas, sino porque sencillamente es muy probable que nunca lleguemos a conocer a alguno de ellos.

Por esa razón es que el aprecio no se le regala a cualquiera. Pero a falta de un nómada mongol o un aborigen australiano al alcance, siempre tendremos muchas personas a nuestro alrededor a quienes regalarles aprecio. Y hoy me quiero referir específicamente a la familia laboral.

Diversas investigaciones señalan que pasamos en promedio 1.920 horas al año conviviendo con nuestros compañeros. Yo sé que la pandemia vino a alterar un poco los números, pero aunque horas más, horas menos, lo cierto es que buena parte de nuestra vida la pasamos con colegas, jefes, compañeros, subordinados, clientes, proveedores, etc. Y es buena idea regalares aprecio a ellos también.

Y como suele suceder con casi todo, quienes deberían dar el primer paso adelante y decir ‘presente’ son las jefaturas, aquellas que se jactan de soledad, de inaccesibilidad, de frialdad y de que ‘las cosas se hacen como yo digo o como siempre se han hecho’.

Pues bien, para no naufragar en estos tiempos de incertidumbre, a la dirección de las organizaciones les toca remar en otra dirección, la de regalar aprecio. Y con ellos, llevar al resto del equipo.

Lo más sencillo para una jefatura promedio

Lo más sencillo y a lo que hemos estado acostumbrados siempre como jefes es a responsabilizar al equipo: “Yo digo y ustedes hacen. Y ojito con una equivocación, todo tiene que salir perfecto y a tiempo, como me gusta y se les ordenó.” Y el aprecio no viene en el combo, porque al final de cuentas para eso se nos paga, ¿no? para hacer el trabajo. El aprecio de la empresa viene en la nómina de pago la próxima quincena.

Quisiera poder decir que eso sucedía hace muchos años, pero sigue siendo la realidad en muchos lugares. Según una encuesta muy breve realizada en mi twitter, cuatro de catorce personas respondieron que no sienten aprecio de ningún tipo en sus lugares de trabajo. Y ojo, aprecio de ningún tipo. Es lamentable, a efectos de dignificar a la persona y sin entrar en temas de cómo afecta la productividad, la retención de talento, costes ocultos por la rotación, etc.

Hombre, quizá de entrada al leer el título de esta nota, lo primero que se nos viene a la mente es que el aprecio no se le regala a cualquiera. Y ese es, precisamente, la idea de escribirlo.

No es a cualquiera que se le regala aprecio. No vamos a regalarle aprecio a un nómada mongol que vive en el Valle de Orjón, o a un aborigen que vive en medio de algún desierto australiano. Y no porque seamos malas personas, sino porque sencillamente es muy probable que nunca lleguemos a conocer a alguno de ellos.

Lo menos sencillo para cualquier jefatura

Estamos claros que a falta de fogueo, lo menos sencillo para una organización o jefatura es mostrar y regalar aprecio. No es algo que se trae, es algo que se desarrolla. No se genera espontáneamente, sino que es fruto del esfuerzo intencionado de cambiar una cultura y una forma de hacer las cosas que probablemente viene de muy atrás.

No es sencillo regalar afecto, pero es necesario empezar a hacerlo. En algún momento hay que salir del círculo vicioso de la invisibilización emocional y empezar a hacernos notar. Y acá es donde viene el gran salto en la jornada por regalar aprecio.

Lo más desafiante para todas las jefaturas

No se malinterprete. A mí me gusta cuando me regalan un libro o una jarra para tomar café. En realidad, me gusta cualquier regalo. Pero el desafío, el gran salto en esto de regalar aprecio es hacerlo de forma puntual y específica.

No es lo mismo obsequiarme una jarra o un libro a que se me obsequie una jarra con una imagen alusiva a Seinfeld o un libro de Phillip Yancey. O un jersey para salir a correr. Así como tampoco es lo mismo mandar un email masivo diciendo “bien hecho, muchachos” a enviar uno que diga: “muchas gracias, Fabrizzio, tu aporte con la exposición del proyecto nos facilitó comunicar bien la idea que buscamos desarrollar.”

Nunca olvidemos que la gente no suele renunciar a su trabajo, sino a sus jefes. En el tanto seamos agradecidos y lo demostremos, la labor se facilitará para todos en la organización y nos permitirá ir creciendo. Busquemos de forma intencionada regalar aprecio y contribuyamos a crear mejores organizaciones

Fabrizzio Ponce

Facilitador de equipos de alto rendimiento, formado profesionalmente como Administrador de Negocios, RRHH, Coaching, Liderazgo y Motivación.

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